25
Feb

DEFINICIÓN DE GAIA – DESCUBRIMIENTO: DE LA TIERRA EN EXTENSIÓN A LA TIERRA EN INTENSIDAD

[continuación de : FUNDAMENTALISMO : EL RETORNO DE LAS GUERRAS DE RELIGIÓN]

¿Qué/Quién es GAIA?

Si para terminar yo quisiera compilar en un vivo esbozo todo lo que he dicho de Gaia, diría que la partida no está terminada. Puede sobrevenir lo peor, en particular que se tome a Gaia por la reencarnación del antiguo Estado de Naturaleza. Imaginen esa catástrofe:

unas elites políticas, científicas y religiosas que harían de Gaia la potencia a la cual habría que obedecer en nombre de las verdades indiscutibles del Estado, de la Ciencia y de la Religión combinados. “¡Gaia exige! ¡Gaia quiere! ¡Gaia reclama!” Todas las potencias del Globo fusionadas en la más tóxica de las amalgamas. ¡El Imperio del Globo contraataca! Todos los totalitarismos actuando de concierto, un gobierno por Gaia sería el horror absoluto.

Si me han seguido hasta aquí, habrán comprendido que Gaia no es el Globo, ni una figura global, sino la imposibilidad de atenerse a una figura del Globo. Gaia es histórica de una punta a la otra. Gaia no es una Madre abastecedora, ni una madrastra, indiferente o lejana. ¡No es en absoluto maternal! Si todavía lo dudan, remítanse a la Gaia de la mitología griega, la más ambigua, la más compleja, la menos estable de las potencias pasadas [Después de todo, fue la misma Lynn Margulis la que exclamó famosamente “Gaia es una Bruja Dura” (1995).]. La Gaia actual, a la que debemos hacer frente, no es, más que la antigua Gea, una divinidad salvadora. Ella obliga a todas las divinidades a replantearse la cuestión de su manera de estar presente. Gaia no es menos heredera de las fuerzas políticas que de las formas de la religión cósmica. Está henchida de demasiada ciencia, demasiada instrumentación, modelos, sensores, para parecerse en modo alguno a los antiguos accesos al mundo. En este sentido, está tan lejos de la Pachamama como de la Antigua Gea.

Y sin embargo, ella metamorfosea las ciencias y va a cambiarlas para siempre: las antropologiza, las devuelve a la Tierra, alienta su multiplicidad, acoge su instrumentación, conspira con su modestia recuperada. Gaia exige de las ciencias que digan dónde se sitúan y sobre qué porción de Tierra habitan. Gaia no es más científica a la antigua que un Ersatz pagano de la Creación. Ella desconfía del paganismo —esa versión peyorativa de la antigua pertenencia al mundo— tanto como de hacerse transformar por la religión cristiana en el designio providencial de un Dios trascendente. Ella desconfía de toda trascendencia. Ella no rechaza el designio, pero quiere que haya tantos designios como actores hay sobre la Tierra. Ella objeta toda fuga hacia el más allá. Gaia es la gran figura contra la utopía y la ucronía. Gaia es la gran cazadora de gnósticos. Gaia es tercera parte en todo lo que hacen los hombres, las divinidades, los organismos y los dioses, ella es otro nombre para el Tercer Estado. Gaia puede acoger el presente, pero desconfía del Apocalipsis y de todo lo que pretende saltar al fin de los tiempos. Gaia rebaja las exageraciones de la religión tanto como las de las ciencias y de la política. Gaia quiere que el presente sea celebrado ante todo por lo que es, el tiempo que hace durar, por lo que pasa. Gaia es la finitud, la muy justa y muy mundana finitud. Y entonces, allá ustedes, adeptos de la (contra-)religión, si quieren añadirle el tiempo de la espera por fin realizada, pero que tal cumplimiento sea dentro del tiempo. Gaia se planta ante nosotros como la Tierra que no hay que abandonar, que no se puede abandonar. Lejos de ser el globo inflado de aire que permite a la rana creerse más grande que el buey, Gaia es la gran potencia de la deflación. Gaia es la espina que desinfla todas las obsesiones del Globo. Exige de los Modernos que cesen de creerse del otro lado del Apocalipsis. Es una gran figura de la exégesis: relean sus textos sagrados, ustedes los científicos, los religiosos, los políticos. Con el dedo, ella señala la Tierra, sencillamente.

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Descubrimiento 1492: Tierra en expansión.
Descubrimiento Actual: Tierra en intensidad.

También nosotros dibujamos sin descanso nuestros mapas en forma de T mayúscula, con el Hombre en su centro y la Naturaleza, circular, global, que lo rodea, lo amenaza o lo protege. Y nosotros, también, vamos a tener que re-dibujarlos por entero para absorber otras tierras recién descubiertas que obligan a salir completamente de la Naturaleza y de la Humanidad, redistribuyendo las ciencias, la religión, la política, en una palabra, re-dibujando la totalidad de nuestra cosmología. Qué sorpresa para la gente del siglo XVI descubrir hasta qué punto la naturaleza se revelaba más vasta que su pequeño mundo mediterráneo. Qué sorpresa para la gente del siglo XXI, descubrir hasta qué punto la (noción de) naturaleza es estrecha comparada con el comportamiento de la Tierra, que de pronto se abre bajo sus pies.

Inútil dejarse acunar por las ilusiones: estamos tan mal preparados para las conmociones venideras que sufrirá la imagen del mundo como lo estaba Europa en 1492. Tanto más cuanto, esta vez, no hay que prepararse para la expansión del espacio, el descubrimiento de tierras nuevas previamente vaciadas de sus habitantes, esa gigantesca toma de tierra que permitió lo que por largo tiempo se llamó la “expansión occidental”. Sigue tratándose del espacio, de la tierra, de descubrimientos, pero es el descubrimiento de una Tierra Nueva considerada en su intensidad y ya no en su extensión. No asistimos estupefactos al descubrimiento de un Nuevo Mundo a nuestra disposición, ¡sino a la obligación de reaprender completamente la manera en que deberemos habitar el Antiguo! 40. La novedad es tanto más grande y nuestra sorpresa tanto más completa, en la medida en que esta vez ya no somos nosotros los que echamos a los antiguos habitantes de su tierra, es la tierra nuestra, también, es la nuestra, la que es objeto de toma. O más bien, parece que fuesen todos los pueblos antes humanos los que se descubren simultáneamente objeto de una toma de tierra invertida, por la Tierra misma. Por otra parte, todas esas inversiones son todavía tan oscuras que desconocemos tanto como Colón, al regresar de la Hispaniola —¡que él había tomado por las costas de la China!—, que nos ha caído encima. En el momento de terminar estas conferencias, ni siquiera estoy seguro de la cualidad de las noticias que he transmitido al contarles lo que el Antropoceno iba a modificar en nuestras maneras de vivir… Tal vez se trate de simples rumores.

  • 40. Véase la cita de Schmitt comentada en la p. 259 del libro Cara a cara con el Planeta, y reproducida en la imagen de abajo. Aclaraciones : palabra nomos; feérico.

Lo que es seguro es que, mientras los humanos de la especie moderna podrían haberse definido como aquellos que se emancipaban siempre de las ataduras del pasado, siempre intentando franquear las infranqueables columnas de Hércules, a la inversa, los Terrestres deben explorar la cuestión de sus límites. Mientras los Humanos tenían por divisa Plus ultra, los Terrestres no tienen otra máxima que esta: Plus intra. No pueden apoyarse en ninguna otra versión más antigua de lo que representaba el suelo, la tierra, el terreno. No porque teman ser reaccionarios y retrógrados (¡retrogradar es lo que dejaron de hacer cuando dejaron de creer que eran modernos!),41 sino porque no hay ninguna manera de encoger sus modos de vida, sus técnicas, sus valores, su multitud, sus ciudades, hasta los límites estrechos de lo que significaba “pertenecer a un país”. Paradójicamente, en vista de determinar sus límites, los Terrícolas deben arrancarse a los límites de aquello que consideraban como el espacio: la estrecha campiña que tanto aspiraban a abandonar, así como la utopía del espacio indefinido que tanto aspiraban a alcanzar. La geohistoria requiere un cambio en la definición misma de lo que significa poseer, mantener u ocupar un espacio: de lo que significa ser apropiado por una tierra.

El problema que la política de los Estados-nación no podía avizorar, el poder transformador de miles y miles de personas podría llegar a descubrirlo. ¿Dónde podríamos descubrir los “cuatro planetas” necesarios para nuestro progreso y nuestro desarrollo si no en las sinuosidades y las anfractuosidades de Gaia misma: 42 a saber, dentro de las fronteras planetarias, envueltos en sus mundos múltiples, y porque aprenderemos a mantener nuestra actividad dentro de los límites voluntaria y políticamente decididos? Allí resiste la trascendencia de la religión, en lo más profundo de las almas humanas; allí residen las ciencias y la tecnología, en lo más profundo de los numerosos relatos entremezclados de todos los agentes en todas las desviaciones y repliegues de su historia natural; allí se encuentran los recursos de la política, en lo más profundo de la indignación y de la rebelión de aquellos que gritan al ver su suelo desaparecer bajo sus pies. Lo que la máxima Plus intra designa es también, en cierto modo, un camino para el progreso y la invención, un camino que liga la historia natural del planeta con la historia sagrada de la Encarnación, y con la revuelta de aquellos que van a aprender a no quedarse nunca más tranquilos so pretexto que habría que obedecer a las leyes de la naturaleza.

  • 42. Según los cálculos —evidentemente groseros- del Living Planet Report 2014, se necesitarían unos cuatro planetas, si se calcula en “hectárea global”, para asegurar a todos los humanos el modo de vida de los norte-americanos.

Ustedes saben que Cristóbal Colón se tomaba muy en serio su nombre de pila de “portador de Cristo”, y que estaba convencido de ayudar a su Dios a surcar el Atlántico de la misma manera que el barquero Cristóbal había permitido, dice la leyenda, al niño Jesús atravesar el río. Ya nadie puede creer que tengamos los hombros suficientemente fuertes para soportar semejante peso. Antes bien, deberíamos procurar pesar menos sobre la espalda de aquello que nos porta a través del vado del tiempo: Gaia.

Por muy alejados que estemos del espíritu de conquista del capitán Colón, tal vez sigamos siendo, sin embargo, como los marineros sedientos a bordo de su carabela, día tras día a la espera de que el grito del vigía termine por hacer resonar, una mañana, desde lo alto de su puesto de observación: “¡Tierra, tierra!”.

 


Fuente de la Página :
Libro “Cara a cara con el Planeta” / Facing Gaia
Bruno Latour
Octava conferencia
¿Cómo gobernar territorios (naturales) en lucha?

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