Chalecos amarillos 00
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Ene

¿CÓMO PASAR DE LA QUEJA A LA PETICIÓN?

Artículo de Le Monde 10 01 2019.
Sobre la diferencia entre el debate nacional y la experiencia de los cuadernos de reclamos propuestos en ¿Dónde aterrizar?

¿CÓMO PASAR DE LA QUEJA A LA PETICIÓN?
Bruno Latour
Traducción : Horacio Alperin

¿En cuanto a los reclamos?

Manifestation Gilets Jaunes à Paris le 29 décembre 2018. Rendez-vous à 13h devant le siège de BFM TV. FRANCE. Paris. Yellow Vests Protest. Act VII. 29 decembre 2019.

Por el momento, casi no podemos esperar ningún efecto político de la consulta nacional. Primero debe suponerse que las «personas del pueblo» convocadas de esta manera tienen algo relevante que decir sobre la situación actual con el pretexto de que ellos la viven; pero también debería, aún más improbable, que la administración sea capaz de escuchar lo que se dice y de aprovecharlo.

En tiempos normales, por supuesto, nunca es una mala idea recopilar sugerencias de los interesados a través de un buzón de sugerencias, esto es común tanto en las empresas como en las familias para mejorar lo ordinario. Sin embargo, la situación actual llamada «chalecos amarillos» no es ordinaria. Nadie, ni siquiera los ocupantes de los rond points, ni los expertos de los ministerios o los ejecutivos de las empresas, tienen una idea precisa de lo que es necesario para enfrentar la crisis generalizada, del modo de producción que requiere definir nuevos costos, y todos los detalles de la existencia material y en todas las escalas. Si pudiéramos esperar de la «gente» y de los «expertos» que ellos espontáneamente propongan ideas basados en el viejo estado de las cosas, todos los que estamos aquí, debemos admitirlo, estamos igualmente impotentes frente al nuevo régimen climático. Lograr vincular las injusticias sociales y las nuevas injusticias ecológicas, es una tarea nueva que no tiene más precedente que la crisis planetaria que trastorna todas las formas de política.

Cultivos de café en el Perú corren riesgo por el cambio climático
Expertos advirtieron sobre la amenaza del cambio climático en los cultivos de café en el Perú. Esto podría perjudicar a miles de productores de café. HispanTV.

En este sentido, los «chalecos amarillos» son los precursores de las batallas del futuro –y es todo un honor para los franceses haber tomado, una vez más, este rol histórico de precursores. Pero al mismo tiempo, está claro que las sugerencias propuestas por este movimiento, así como las respuestas presentadas por el Estado, no pueden más que repetir las soluciones que existían antes de la crisis planetaria e imitar las actitudes, los gestos, los símbolos de los disturbios o de las represiones de los viejos tiempos, esos tiempos en dónde no surgió la cuestión de cambiar el régimen climático.

Que sin investigación previa, sin un análisis meticuloso de lo que nos liga a cada uno de nosotros a sus condiciones materiales de existencia, el «pueblo» en su gran sabiduría, espontáneamente, podría salir del callejón sin salida en el cual la modernidad lo ha colocado, es confiar demasiado en Rousseau. Especialmente desde que un «pueblo» de repente tiene que preocuparse por la energía, del aprovisionamiento, de la circulación, de las formas de construir y de vestirse, del clima como de las enfermedades, de los suelos como de los árboles, es precisamente un «pueblo» al que la política jamás le ha interesado —-y ya no es el mismo que aquel que tomó la Bastilla o el palacio de verano. Es un pueblo fuertemente obstruido, sostenido, paralizado, por múltiples decisiones tomadas durante dos siglos y que no puede fácilmente liberarse como aquel de 1789. La Gran Revolución pudo cambiar radicalmente la sociedad, porque no tuvo que cambiar también su infraestructura material. Hoy, guillotinar al rey no cambiaría en un hectolitro el circuito del petróleo. Los paralelos vagos con el ‘89 demuestran bastante la brecha completa entre los reflejos condicionados de la política pasada de moda y la impotencia en la que estamos para extirpar de la situación actual.

El caso de Brexit ofrece una maravillosa ilustración de este cambio: los dos años del pueblo británico para pasar de la queja inarticulada sobre la autonomía y la independencia, a la realización gradual de los innumerables vínculos que realmente participan en su bienestar. Cuánto tiempo ha pasado para elaborar la lista, artículo de ley por artículo de ley, circuito de producción por circuito de producción, de todo lo que los ingleses dependen para prosperar. Le tomó dos años al ministro, aún a cargo de Brexit, confesar en el Parlamento que nunca había sospechado que, para abastecer a las fábricas inglesas, ¡los camiones tenían que cruzar el Canal de la Mancha! Dos años de psicodrama para comenzar a pasar de las quejas sobre la identidad a la realización de los apegos que ellos deben hoy aprender a ordenar. ¿Cómo imaginar que, espontáneamente, por la simple apertura de una caja de ideas en los ayuntamientos, el pueblo francés, ante una situación totalmente inédita, encuentran de golpe una solución a este enredo de las economías y de las ecologías?

Si la expresión «cahier de dolance» [cuaderno de reclamos] tiene sentido, es precisamente porque, en el ‘89, el rey había apelado a lo que todavía no era el «pueblo» francés, al confiar de manera bastante ingenua, su completa ignorancia de soluciones. Y si este «pueblo» ha existido, es gracias al formidable trabajo de escribir estos famosos cuadernos, es porque forzaron, en cada comuna, una descripción meticulosa de las condiciones materiales en relación con el injusticias que debían ser abordadas. No fue una encuesta realizada por expertos en los municipios, sino una encuesta por parte de los ciudadanos sobre sí mismos. Es necesario leer estos cuadernos (en cualquier caso, los del Tercer Estado) para darse cuenta de la originalidad de una descripción de los territorios que también describe las injusticias cometidas en estos mismos territorios, así como los cambios que se deben realizar en la base imponible.

La obligación de un voto por unanimidad en cada uno de los cuadernos hizo necesario profundizar cada vez más en el análisis y completar la confrontación de puntos de vista. Es porque tal descripción es mucho más difícil hoy que no se puede esperar nada de una simple colección de opiniones —-y esto se aplica tanto al Estado como al «pueblo».

Frente a una situación en la que todo el mundo es igualmente impotente, lo último que debe hacerse es querer limitar los temas que se van a tratar y contentarse con abrir una página en blanco. Más bien, se trata de acelerar un proceso de autodescripción que no puede ser menos conflictivo, menos equipado que el Brexit para los británicos. Pasar de la queja a la denuncia en una situación de crisis material sin precedentes, no se puede simplificar. Sobre todo porque lo que vale para cada ciudadano vale aún más para la administración. Equipada para satisfacer las viejas situaciones de desarrollo económico, ésta, está totalmente perdida para ajustarse al nuevo régimen climático. Pasar de la queja a la denuncia exige, por lo tanto, dos pruebas particularmente dolorosas para los franceses: ¡para el «pueblo», encontrar algo relevante que decir sobre una situación completamente nueva, o incluso escuchar lo que se dirá para reconstruir el Estado!


Argentina: en nueve años hubo 45.000 piquetes. Aunque la cantidad de protestas callejeras descendió 19% el año pasado, sigue en niveles altos, por arriba de 5.000. https://www.tucumanalas7.com.ar/nacional/2018/1/3/argentina-nueve-anos-hubo-45000-piquetes-168897.html