06
Feb

BRUNO LATOUR NOS CONFINA EN LA TIERRA

SIMON BRUNFAUT
Traducción : Horacio Alperin
04 febrero 2021
L’Echo

En «¿Dónde estoy? Lecciones del confinamiento para el uso de los terrestres», el sociólogo y filósofo científico Bruno Latour se interroga de cómo el confinamiento nos ha metamorfoseado. ¿Y si el confinamiento fuera una oportunidad para descubrir finalmente dónde vivimos?

 

Desde hace un año, la pandemia ha sumido al conjunto del planeta pasmado. El mundo intelectual no escapó de este estado y se vio constreñido y obligado a reflexionar sobre esta situación sin precedentes que bloqueaba todos los horizontes de acción y pensamiento. Durante el primer confinamiento, vimos una proliferación, en un ambiente utópico, de reflexiones sobre el famoso «mundo del después». Pero, desde el anuncio del segundo confinamiento, la producción intelectual se ha articulado alrededor en cuestiones de libertad y de democracia. Los sueños del después se desvanecen: ¿no están en peligro nuestros principios fundamentales? Pero más allá del «mundo después» o del «mundo anterior», ¿por qué no reflexionar sobre la forma de como  este confinamiento ha afectado profundamente nuestras existencias, obligándonos a redefinir nuestra manera de habitar sobre la Tierra? Este es precisamente el objetivo del sociólogo y filósofo de las ciencias Bruno Latour, quien se ha consolidado, apoyado en sus obras, como una de las grandes figuras del pensamiento contemporáneo.

En «¿Dónde estoy? Lecciones del confinamiento para el uso de terrestres» (que sigue a «¿Dónde aterrizar? ¿Cómo orientarse en política?»), Bruno Latour utiliza la forma del cuento filosófico, a la vez de fácil acceso y erudito. Escapando de la utopía fácil del mundo de después o de la tentación estéril de volver al mundo de antes, busca menos desarrollar las respuestas prefabricadas que esbozar nuevas perspectivas. Dividida en trece capítulos cortos, la obra se basa en otro cuento, el fantástico cuento de Franz Kafka: «La Metamorfosis». Junto con Gregor Samsa, que se despierta una mañana transformado en un insecto monstruoso, nosotros nos encontramos, a principios del último año, inmovilizados, confinados en nuestras casas. A partir de una lectura totalmente original de la famosa novela del novelista checo, Bruno Latour muestra que este confinamiento nos metamorfosea,  también a nosotros.

Este confinamiento impuesto por el virus puede, según él, «servir de modelo para familiarizarnos poco a poco con el confinamiento generalizado que impone lo que eufemísticamente se llama ‘la crisis ecológica'». ¿Qué ha pasado exactamente? «Todo el mundo empezó a vivir en casa, pero de forma diferente,» escribe. “En unos meses, la economía dejó de ser el ‘horizonte insuperable de nuestro tiempo‘” y “si la experiencia del confinamiento me parece tan instructiva, es porque vuelve sensible que la larga historia de la eliminación paulatina, en el curso del tiempo, de las preocupaciones que engendran». Esta experiencia nos enseñó que no podemos hacer nada sin los demás, que nuestras vidas en realidad dependen de muchas otras existencias que a menudo se niegan o se pasan por alto.

Esta tesis comporta distintas implicaciones: geopolíticas («Si un Estado se limitara a sus fronteras, no viviría»), económicas, sociales, ecológicas y, por supuesto, biológicas. Sobre la Tierra, los seres vivos son el producto de procesos complejos y diversos enredos, éstos están conformados por ensamblajes que los preceden y, en la mayoría de los casos, los superan. Para Bruno Latour, la palabra «Tierra» no solo designa el Planeta, sino los múltiples desarrollos que promueven tanto la reproducción como la evolución de los seres vivos. Según él, podemos «escapar de las trampas de la identidad» reconociendo la multiplicidad de seres, más allá de los límites en los que nos hemos acostumbrado a encerrarlos.

Redefiniendo el significado de territorio

El enfoque de Bruno Latour se inscribe así en un marco interdisciplinario. Se esfuerza por repensar metódicamente los vínculos entre las artes, las ciencias y la política rompiendo la separación entre las ciencias naturales y las ciencias sociales. Al hacerlo, muestra la continuidad de lo que está en juego, despliega su articulación, mientras critica construcciones abstractas como las de «naturaleza», «ambiente», «sociedad», «especie», «nación» o «economía». Lo que lleva a él a escribir esta fórmula que puede parecer paradójica a primera vista: «gracias al confinamiento, finalmente respiramos!«. «Lo que ha revelado el confinamiento, hagámoslo fructificar: puesto que ya no tenemos que transportarnos a un ultramundo, podemos comenzar a re-comenzar buscando un lugar para quedarnos».

¿Y dónde habitamos nosotros antes? En «la economía precisamente, es decir en otro lugar fuera en casa», específica Latour. «Curiosamente, el confinamiento ayuda a los terrestres a huir del mundo». Nosotros no vivimos en un espacio infinito ni a través de identidades fijas. Al permitirnos volver la Tierra, esta crisis de salud nos coloca frente a la crisis ecológica que se avecina. Con este encierro, se trató así, en cierto modo, de un ensayo general que nos lleva a redefinir el significado de territorio, sabiendo que “estar localizado y estar situado no es lo mismo”. Cuanto más identifico las interacciones y las interdependencias, cuanto más me sitúo, más entiendo dónde estoy. Bruno Latour nos invita a reconsiderar toda nuestra organización, pero también todas nuestras representaciones y nuestras modos de pensar, para determinar lo qué significa realmente «habitar» juntos en esta Tierra: «la cuestión no es saber si ‘el mundo de mañana’ reemplazará ‘el mundo anterior’, pero si el mundo superficial no pudiera finalmente dejar lugar al de la ordinaria profundidad».

«Où suis-je ? Leçons du confinement à l’usage des terrestres»

150 p.,