27
Sep

«AGENCIA» : Capacidad de Acción

La siguiente nota de Darío Sandrone en el Diario HOY de Córdoba, Argentina, ilustra pedagógicamente a la Entidad AGENCIA como la capacidad de acción en la relación humanos no-humanos desarrollada por BRUNO LATOUR.

Ésta es su excelente descripción :

Un problema específicamente estadounidense es el de las masacres en escuelas y lugares públicos. En otros lugares del mundo no ocurren con tanta frecuencia, por lo que muchos sectores de la sociedad norteamericana reclaman la restricción en la venta y tenencia de armas. En contra de esta medida, la Asociación Nacional del Rifle (una institución muy fuerte en los Estados Unidos) expone un argumento que puede sintetizarse de la siguiente manera: “las armas no matan personas, las personas matan personas.” Desde este punto de vista, las cosas no realizan la acción, son accionadas. Las restricciones, entonces, deben aplicarse sobre los humanos y no sobre los objetos que estos emplean. En cierta forma la ANR tiene razón, solo que omite un detalle: las cosas no hacen, pero sí hacen hacer.

Un hombre ve cambiar el color en el semáforo y cruza la calle. ¿Fue el semáforo quién cruzó la calle? No, aunque sí fue aquello que hizo que el hombre la cruzara. No realizó la acción, pero la inició. ¿Cómo llamar a eso que hizo el semáforo? Algunos teóricos le han puesto el nombre de agencia, palabra que señala lo contrario de pasividad. Las cosas no son pasivas, no están allí simplemente esperando que las usemos. Tienen agencia, nos hacen hacer cosas. Los rifles no matan personas, es cierto, pero la pregunta es: ¿hacen que las maten de la misma manera que el semáforo hace que el hombre cruce la calle? Ese es el problema, y buena parte de la comprensión sobre cómo el cambio tecnológico nos afecta radica en resolver el problema de la agencia.


Leyenda: El hotelero agrega sucesivamente las llaves, las opiniones orales, las opiniones escritas y finalmente pesas de hierro fundido; cada vez él modifica la actitud de una parte del grupo de «huéspedes del hotel».

El llavero de Latour

Hace 20 años, el multifacético Bruno Latour escribía un artículo titulado “La tecnología es la sociedad hecha para que dure”. Allí discutía lo que debemos entender por mediación técnica: ¿qué es lo que decimos cuando decimos que hacemos algo mediante un objeto?, ¿qué hacemos?, ¿qué hace el objeto? y, sobre todo, ¿qué nos hace cuando hacemos lo que hacemos? Latour ilustra su respuesta narrando una pequeña historia en la que un conserje de hotel no puede lograr que los huéspedes dejen la llave de la habitación en recepción cuando salen de paseo. Para resolver esa incómoda situación, pone en práctica algunas medidas. La primera de ellas consiste en ordenarle a todos los huéspedes en el check-in que dejen las llaves toda vez que salgan.

Sin embargo, al final del día nota que nadie le hizo caso. Lejos de darse por vencido, desarrolla un nuevo plan: pega un cartel en la recepción que indica a los huéspedes que deben dejar las llaves. La solemnidad de una comunicación fijada en la pared intimida un poco a algunos huéspedes. Sin embargo, al final del día, el porcentaje que había obedecido aún era muy pequeño. Entonces, el conserje lleva adelante una nueva idea: pone en cada llave un llavero grande y pesado [de plomo]. Al cabo de un par de días, observa con cierto placer que todos los huéspedes habían cambiado su actitud y comenzado a dejar las llaves en recepción.

Traducciones

Un par de conclusiones pueden extraerse de esta historia. La primera es que fue el llavero, junto al conserje, lo que convenció a los huéspedes. Dejó de ser un objeto pasivo para convertirse en un agente, o sea, en una entidad con capacidad de provocar que ocurran cosas a su alrededor, en el sentido que lo desea quien lo puso ahí. El llavero modificó el comportamiento de un grupo de personas, las hizo actuar de otra manera. Más aún, las convenció de que dejar la llave era la mejor opción. Los huéspedes salían del hotel satisfechos, pensando que ellos habían tomado una buena decisión y que nadie se las había impuesto (sensación que sí generaba el conserje).

Esto nos lleva a la segunda conclusión importante. El mensaje de nuestro conserje, tenía un componente moral que disponía de mala manera a los huéspedes: “deje la llave porque es lo mejor para su seguridad”. Sin embargo, no todos los huéspedes estaban de acuerdo y los que disentían, en lugar de discutir con él, simplemente se llevaban la llave. El llavero tradujo el mensaje del conserje al lenguaje de las cosas, al lenguaje práctico: “deje la llave, va a ser más cómodo para su paseo”. Podemos reforzar esta conclusión con otro ejemplo laturiano. Alguien se dirige muy apurado al trabajo en su auto cuando, frente a una escuela, un cartel le indica que debe bajar la velocidad, pero el conductor observa que no hay ningún niño a la vista y decide ignorarlo.

Entonces, un lomo de burro que la municipalidad puso en la calle se le aparece en frente y le comunica lo mismo que el cartel, solo que en un idioma más comprensible para el conductor: “baje la velocidad o le destrozo los amortiguadores”. El conductor modifica su comportamiento, baja la velocidad, se siente aliviado de haber tomado una buena decisión. En ese sentido, no es descabellado afirmar que lo que hacen los objetos es, sobre todo, traducir a sus propios términos los mensajes humanos. Si tenemos eso en cuenta, una forma de entender a los desarrolladores de tecnologías contemporáneos y a los que diseñan e intervienen nuestro entorno artificial es como la de unos traductores del lenguaje de las personas al de las cosas.

El lenguaje de las cosas

El despertador suena a la mañana, hace que me despierte. Tengo sueño, ayer vi una película que hizo que me durmiera tarde. Abro el placard, la camisa que había pensado usar está arrugada y hace que elija otra. Salgo a la calle y veo venir el colectivo que debo tomar para ir al trabajo, lo que hace que corra a la parada. Pienso en tomar otro, pero la app del celular me dice que no hay otro que vaya hacia allá y hace que corra más rápido. Un sonido me distrae, un mensaje, que hace que mire el celular. Luego otra notificación, que me hace mirarlo de nuevo y otra y otra. En el aula explico la teoría de las agencias de Latour, no se entiende muy bien, pero hay una tiza y un pizarrón, que hacen que modifique levemente la explicación para poder esquematizar gráficamente. Se entiende un poco más.

Salgo de allí y recibo una llamada al celular que hace que me apure porque me esperan en una reunión de trabajo en otro lugar. La pesada mochila hace que a esta altura del día me duela la espalda. Tomo un antiinflamatorio que hace que me sienta mejor. Estoy a mitad de la reunión cuando veo que no tengo batería, no puedo quedarme sin celular a mitad del día. La ausencia de enchufes en la sala de la reunión hace que salga a buscar uno, aunque no puedo dejar el celular solo, lo que hace que vaya y venga a cada rato. En uno de esos mini viajes, escucho un nuevo sonido: un mail que debo responder con urgencia y que hace que me ponga ansioso durante toda la reunión. Llego a mi casa, respondo el mail, tomo un café, miro el reloj que me indica que llego tarde a jugar al fútbol, y hace que corra a cambiarme, mientras miro de reojo el celular para ver dónde es la cancha, para saber hacia dónde debo ir. Un día intenso, largo, pero lo importante es que hice lo que quise y como quise.